Entre las sábanas te espero anhelante, y desnuda.
Desnuda como conocí al mundo. Parecida a la libertad. Indómita, intranquila, salvaje.
Desnuda y sin pretensiones, sin disfraces. Sin otro accesorio más que el deseo.
Desnuda, imperfecta, etérea.
Invito a mi mano, mi dulce compañera esta noche, a descubrirme, a conquistarme. La adoctrino inútilmente para comenzar a extrañarte, a emularte entre mis piernas, húmedas de la excitación que solo tú me produces. Es ella quien engaña a mis ganas imitándote tan incorrectamente como parece serle posible.
Es mi vientre el lugar en donde morirán tus besos.
Son mis piernas la prisión a la que estás condenado.
Son mis senos en perfecta y silenciosa comunión con la gravedad, en donde tus labios, tus manos, deberán claudicar.
Soy yo el oasis que divisas en la distancia, que recreas en tu imaginación, insuficiente ante esta escena.
Mi desnudez: el inhóspito lugar que no ha descubierto la sabiduría que se desborda en tus manos, en tu boca perfecta.
Esta noche estoy desnuda, como escribí estas líneas, virgen, vacía, sin ti.
