Desconocidos habituales

Estándar

Ha pasado un largo tiempo ¿cierto? Tiempo en el que represé mis letras las cuales se  convirtieron en falacias intentando escribirle a alguien más las líneas que solo a ti te pertenecen. Mis letras, mis líneas, y yo nos hemos sublevado hoy, decidimos volver, por al menos el vestigio de esa sonrisa ante la cual soy una invidente más.

Antes de volver me he preguntado en innumerables ocasiones ¿Que mas podría decirte que ya no haya dicho?, ¿Podría construir un día cualquiera una composición lo suficientemente genial o brillante que lograra cautivarte de sobremanera?, ¿Podría acaso crear un puente de palabras que derrumbe la enorme distancia física y psicológica que hay entre tú y yo? ¿Podría buscar en el diccionario las palabras más rebuscadas y rimbombantes que traten de traducir hechos en las líneas más sutiles y prosaicas? Pienso que después de todo, este es solo un humilde y frágil intento de hacerte creer.

No prometo una magistral obra, solo un acercamiento a mi verdad. La verdad que por razones ya conocidas, solo se plasma en palabras, y no en hechos.

Es tiempo de hacerte una advertencia desconocido. He escrito estas líneas  solo para expresar lo que mi alma más que mi mente me ha estado pidiendo en este receso. De antemano te pido disculpas por lo que sigue: La descripción de quien creo, sueles ser.

Aquí voy.

Nos encontramos de nuevo sin encontrarnos, sin vernos, sin conocernos, sin pronunciarnos. Seguimos siendo esos desconocidos  habituales que no tienen nada más del otro que palabras bien escogidas y pensadas.

Imaginemos que alguna vez tuve una oportunidad de ser real, de estar allí, frente a ti, en el día a día o de forma extemporánea, y no en este tiempo que no transcurre, que no es.

Todavía quiero ser quien escriba las inmortales líneas que recordarás a pesar del tiempo, aunque no pertenezcan a tus autores predilectos. Esas líneas que hablaran de ti y que no perecerán en tu mente.

Todavía quiero ser quien se adjudique ese beso inventado por J.M. Barrie, el que nadie ha podido conseguir pero que está justo allí, balanceándose en la comisura de tus labios.

¿Puedo esta vez optar por alguna oportunidad? ¿Podemos seguir siendo esos desconocidos que intercambian unas cuantas palabras ocasionales, o que terminan inmersos en una conversación de mayor contenido que saludos o frases superfluas?, ¿Podemos compartir alguna recomendación de un buen libro o de una de esas canciones que hemos escuchado con los ojos cerrados y hasta el cansancio cuando nadie nos ve? ¿Podemos brindarnos algún consejo a pesar de nuestra absurda inexperiencia?

Dime que podemos y rebelaré no solo mis palabras sino mis acciones para ti.

Puede que seas esa decepción que deambula a diario en este mundo decadente, y de  ser así hubo algo que no mencioné antes, y es que esta extraña que te escribe se ha sentido más de una vez de la misma manera. También es oportuno decirte que, no puedes decepcionarme, pues no espero nada de ti.

Tal vez mi más ferviente e inconsciente deseo de hoy es convertirme en esa osadía que conquista el misterio que esconde tan perfectamente esa mirada impenetrable y profunda que ha viajado entre las líneas de tantos célebres autores.

Quien en lo más profundo pienso es el propietario de un alma tan hermosa y solitaria que se refugia en un cliché para alejarse, para evadir esos sucesos que alguna vez dolieron o que aún duelen.

Sigues siendo ese sueño irrenunciable que no se disipa al despertar, la certidumbre de saber que la pugna y el desafío son meritorios.

Ese  millón de conatos de líneas y versos que se vislumbran en esta mente ya agotada de pensarte.

El espíritu crítico que derriba certezas y origina con espléndido sarcasmo cuestionamientos sólidos.

Quien admira en silencio la sublime belleza que los demás ni siquiera llegan a considerar que existe.

La ausencia del miedo al que dirán.

Esa sugestiva invitación a pensar, a comprender y ver más allá de la superficie de las cosas, de las personas, de los simples actos.

La opinión poco frecuente, que no complace pero que es sin duda, la más sincera.

Mi  miedo persistente al rechazo que irrumpe y golpea tan contundentemente con inalienable silencio.

La defensa firme de tus principios, valores y opiniones.

El camino, la piel, la mente en la que deseo transitar.

Eres todo lo que desconozco pero que sé, me seguirá reteniendo como ese dulce manjar que evoca los mejores recuerdos perdidos en el laberinto del tiempo, el polo opuesto del imán, la palabra dura que alejaría a cualquiera, a todos, excepto a esta masoquista autodeclarada y asumida tan dignamente.

Pensaré que desde hoy seremos esa posibilidad que se convirtió en realidad a pesar de los pronósticos, entretanto, jugaré a acariciarte con palabras y versos cada vez que me provoque. Armaré un rincón en donde pueda escapar de la vacía rutina en la que vivo y en la que, indudablemente no estás, ni estarás más que en palabras enmudecidas.

A ti extraño, te pregunto: ¿Puedes contaminar este aire con la ya moribunda y consumida nicotina? ¿O podré robarla alguna vez de tus labios de forma furtiva con el sublime y ligero sabor de ese negro café?

¿Podrías desempolvar algo de ese espíritu que alguna vez confió y que ha sido domesticado en el tiempo para aprender a desconfiar?

De lo que no espero, solo esperaré estas respuestas.

De quien te admira en la distancia y el silencio.

I.A.

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  1. No esperes a que él de ese primer paso, atrévete a saltar de la comodidad de la desconfianza y da ese salto al vacío que tus labios, tu corazón y tu alma tanto necesitan que des.

    Feliz cumpleaños, amiguetísima. Te quiero un montón.

    |ReloadEd|

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