Insuficiente

Estándar

Hoy vine a escribirte a ti.

La que predica a diario con el ejemplo.

Quien no necesita de un título para saber tanto de la vida y esas cosas que aún estudiando, no logro comprender.

La que con recetas caseras me ha cuidado como su posesión más preciada desde que vi la luz titilante de este mundo

Te escribo a ti mujer grande, de caligrafía y ortografía pésimas, pero de pasos tan firmes por la vida. Quien no ha dejado que las luces se apaguen cuando todo pierde sentido.

Mujer brillante. Dueña de un futuro exitoso que no vio destino por causa de terceros a quienes nunca recriminaste.

Alma innegablemente noble, donde residen dotes infinitas de perdón.

Señora de manos benditas, aclamadas por tantos paladares.

Mujer sencilla y hermosa de fe ciega en los demás. Quien no aprende que el mundo está poblado de corazones plagados de egoísmo. Sé que no puedes verlo así, porque tu fe inmensurable no te lo permite. Eres quien aún cree en los cambios. La de lecciones valiosas.

La de los eternos sacrificios.

Quien no necesitó de manuales de ética para saber dar el paso más correcto en medio de tanta inmundicia mental.

Te he visto derrumbarte, caer cansada en medio de tantas luchas para emprender de nuevo el vuelo, como la primera vez y como otras tantas veces.

Quien ha visto florecer a esta alma a veces tan marchita.

Quien pronuncia mi nombre con orgullo y me defiende como nadie lo hará jamás.

Quien dejó de ser ella para comenzar a ser yo, para darme siempre el primer lugar, el sitial de honor.

Y si el tesón tuviera un rostro, seguramente sería el tuyo, ese que le da la bienvenida al sol y que despide a la luna, mientras sus manos se distraen en alguna labor de hogar que muchas veces no tiene la recompensa que merece.

Eres tú el lugar en donde reside mi verdadera paz. Mi sostén, el cordón que aún me ata a este mundo.

No me alcanzará la vida para agradecerte lo que soy, porque todo lo bueno que puede haber en este ser solitario, sin duda viene de ti.

Espero tan solo llegar a parecerme un poco a ti. Espero tan solo saber agradecerte con hechos todo el inmenso mar de cosas que has hecho por mí, aún sin merecerlo.

Y  hoy tengo la certeza de que mientras simples extraños juegan a conocerme, eres y serás siempre tú quien conoce la verdad de mí ser.

El sentido de mi lucha, mi ídolo, la admiración, el respeto. Esa eres tú, mamá, y son estas líneas insuficientes para describirte en tu más exacta perfección, la única que he conocido.

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