De mis soledades y otros efectos.

Estándar

Me amenazan los silencios más que las hirientes respuestas.

Tengo la certeza esquiva y la duda plena y certera.

Atravieso las vías  perdida en medio de la inconsistencia de todos estos vagos pensamientos.

Comienzo a buscarte en medio de las líneas, entre el respiro de una palabra y otra.

Siento como te apoderas de las horas, de los insomnios, decidido y aplastante.

Te siento cerca, pero estás lejos. ¿Realmente estás?

Los recuerdos por vivir azotan mi mente cansada; los  anhelos desgastados de otros tiempos que revivieron las llamas.

Trato de acallarte, pero es inútil. Sigues presente en la ausencia, en las palabras que aún no he escrito.

Siento tu abrazo avasallador en la soledad, la calidez de tus palabras  y el vacío sin medidas en el centro del pecho.

Te siento.

Tú, ese océano de imprecisiones, soberbio y preciso, exacto y perfecto. Siempre visceral y complejo.

La oportunidad seductora que me llama al abismo. Tú, y tu montón de hermosas líneas que inundan mi horizonte hostil.

Te confino en mis notas, esas desdibujadas de mis cuadernos. Te escribo sin que existas, sin que seas presencia clara y notoria.

Mis manos apuestan a ti, aún sin conocerte. Mi piel anhela tus líneas, relatadas en besos.

Te escribo para que seas real, para darte un lugar en mis adentros.

Seguiré siendo la isla en la que no naufragarán tus besos.

Los brazos abiertos en donde no buscarán abrigo tus desventuras.

¿Qué peor destino que ese y el de todas mis soledades?

Me quedaré con mis dudas y sus vestigios, con esa eterna pregunta sin respuesta.

Solo me queda el despiadado silencio, apoderándose de cada centímetro de esta habitación vacía.

Bienvenido dolor, tan personal, tan mío, en todos los sentidos.

Y aún sin haberte tenido lloraré tu ausencia, la muda despedida, las palabras que ya no te implorarán.

Miraré atrás y te encontraré en la poesía, en las líneas rebeldes y subversivas que alteran mundos y maneras.

Te recordaré en blanco y negro, como mis imágenes favoritas, como se honran los recuerdos, los mejores.

Tú fuiste la pregunta, yo me negué a ser la respuesta.

Serás el único árbol, del que forjaré un libro.

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  1. Si tus manos apuestan en él, conócele. Que no sea el dolor quien naufrage. Que no sea la duda. No es lo mismo el recuerdo que el recordar. Sé la respuesta.

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