Navidad

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Escapemos de las calles, de la multitud, de la algarabía.

Huyamos de la hipocresía de esta noche, de la falsedad envuelta en mensajes y abrazos vacíos.

Somos tú y yo la celebración sincera en estas horas llenas de estruendo, porque no hay mentiras en este deseo que emerge de nuestras pieles.

Están tus obsequios aquí, en la oscuridad, esperando la sorpresa de tus manos, el disfrute de tu boca.

Aquí, no necesitamos pretender que encajamos, fingir sonrisas, vestir de estreno. Todo lo que queremos esta noche, viene absoluto y sin envolturas.

¿Celebramos?

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Insuficiente

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Hoy vine a escribirte a ti.

La que predica a diario con el ejemplo.

Quien no necesita de un título para saber tanto de la vida y esas cosas que aún estudiando, no logro comprender.

La que con recetas caseras me ha cuidado como su posesión más preciada desde que vi la luz titilante de este mundo

Te escribo a ti mujer grande, de caligrafía y ortografía pésimas, pero de pasos tan firmes por la vida. Quien no ha dejado que las luces se apaguen cuando todo pierde sentido.

Mujer brillante. Dueña de un futuro exitoso que no vio destino por causa de terceros a quienes nunca recriminaste.

Alma innegablemente noble, donde residen dotes infinitas de perdón.

Señora de manos benditas, aclamadas por tantos paladares.

Mujer sencilla y hermosa de fe ciega en los demás. Quien no aprende que el mundo está poblado de corazones plagados de egoísmo. Sé que no puedes verlo así, porque tu fe inmensurable no te lo permite. Eres quien aún cree en los cambios. La de lecciones valiosas.

La de los eternos sacrificios.

Quien no necesitó de manuales de ética para saber dar el paso más correcto en medio de tanta inmundicia mental.

Te he visto derrumbarte, caer cansada en medio de tantas luchas para emprender de nuevo el vuelo, como la primera vez y como otras tantas veces.

Quien ha visto florecer a esta alma a veces tan marchita.

Quien pronuncia mi nombre con orgullo y me defiende como nadie lo hará jamás.

Quien dejó de ser ella para comenzar a ser yo, para darme siempre el primer lugar, el sitial de honor.

Y si el tesón tuviera un rostro, seguramente sería el tuyo, ese que le da la bienvenida al sol y que despide a la luna, mientras sus manos se distraen en alguna labor de hogar que muchas veces no tiene la recompensa que merece.

Eres tú el lugar en donde reside mi verdadera paz. Mi sostén, el cordón que aún me ata a este mundo.

No me alcanzará la vida para agradecerte lo que soy, porque todo lo bueno que puede haber en este ser solitario, sin duda viene de ti.

Espero tan solo llegar a parecerme un poco a ti. Espero tan solo saber agradecerte con hechos todo el inmenso mar de cosas que has hecho por mí, aún sin merecerlo.

Y  hoy tengo la certeza de que mientras simples extraños juegan a conocerme, eres y serás siempre tú quien conoce la verdad de mí ser.

El sentido de mi lucha, mi ídolo, la admiración, el respeto. Esa eres tú, mamá, y son estas líneas insuficientes para describirte en tu más exacta perfección, la única que he conocido.

Despedida

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Líneas a salvo, líneas sin ti.

Así como Neruda “puedo escribir los versos más tristes esta noche”, ésos que te han llamado tantas veces, ésos que te pertenecen enteramente, que te tienen como única razón para su existencia.

Me agobian las preguntas, dulce tormento que no termina de resolverse. Como siempre.

¿Quién pudiera no lamentarse de ser una gran nada?

¿Quién pudiera ser real y tener un nombre, un rostro?

¿Quién pudiera elegir tan perfectamente las palabras que se asemejen un poco a esto que siento, pero no digo?

¿Quién pudiera robarle elocuencia al silencio?

¿Quién pudiera verte esta noche, contemplarte pleno, y sin palabras?

¿Quién tendrá la dicha de descubrir realmente tu alma?

Ya no elevaré clamores para acercarte. He comenzado a irme un poco, y a la vez en definitiva, clara como la certeza.

¿Cómo es que duele aquello que no se ha visto ni se ha tenido?

¿Quién explicará el temblor en mi alma, el estremecer que arremete contra esta piel mientras escribe estas líneas?

¿Quién explicará las lágrimas que fluyen sabiendo que a ti pertenecen, que a ti te lloran?

Me he quedado de nuevo a oscuras. La luz me es esquiva. Te has ido, tan definitivo como la seguridad del abrazo de un amante.

Te he dejado ir, porque no tengo más que hacer. No se puede luchar de esta manera. No se puede luchar callando.

Te retendré aquí, en ese rincón  que habitan los recuerdos no perecederos.

Desnuda

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Entre las sábanas te espero anhelante, y desnuda.

Desnuda como conocí al mundo. Parecida a la libertad. Indómita, intranquila, salvaje.

Desnuda y sin pretensiones, sin disfraces. Sin otro accesorio más que el deseo.

Desnuda, imperfecta, etérea.

Invito a mi mano, mi dulce compañera esta noche, a descubrirme, a conquistarme. La adoctrino inútilmente para comenzar a extrañarte, a emularte entre mis piernas, húmedas de la excitación que solo tú me produces. Es ella quien engaña a mis ganas imitándote tan incorrectamente como parece serle posible.

Es mi vientre el lugar en donde morirán tus besos.

Son mis piernas la prisión a la que estás condenado.

Son mis senos en perfecta y silenciosa comunión con la gravedad, en donde tus labios, tus manos, deberán claudicar.

Soy yo el oasis que divisas en la distancia, que recreas en tu imaginación, insuficiente ante esta escena.

Mi desnudez: el inhóspito lugar que no ha descubierto la sabiduría que se desborda en tus manos, en tu boca perfecta.

Esta noche estoy desnuda, como escribí estas líneas, virgen, vacía, sin ti.

Cómplices

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Una vez más nos encontramos en el vacío de aquella habitación sencilla, en donde toda la iluminación provenía de un rayo firme de luna que se colaba a través de la ventana entreabierta.

Ambos sabíamos el motivo de aquella cita.

Fueron mis manos las que comenzaron a despojarlo de aquella indumentaria inútil, las que lo dejaban desnudo para la luna, para esas cuatro paredes, para mí. Con prisa me siguió, desvistiéndome más a besos que de otra forma, para darle  inicio al final de esta historia de furtivos amantes.

Tendida sobre la cama, lo esperaba delirante, llamándolo con cada poro colmado del más absoluto deseo, como las fantasías reprimidas que buscan un desahogo que no encuentran. Mi cuerpo reclamaba el suyo, y el tiempo que tendríamos allí no admitía desperdicios, no podíamos  regalarle tan siquiera un segundo más a la espera. Cada minuto debía consumirse a besos y caricias, debía desenvolverse en pasión, transformarse en placer insano,  desmedido y visceral.

Como quien ha esperado demasiado, se abalanzó sobre mí. Mi cuerpo plagado de soledades ya no yacía intranquilo y desnudo, era él quien me vestía de gala esa noche. Éramos dos entes que se fusionaban en uno, pieles que guardaban un secreto que se devela solo a la luz de nuestra tibia desnudez.

Se deleitaba posando entre sus manos mis senos de pezones erectos que esperaban con intranquilidad su boca, como mi sexo codiciaba el suyo, como quien busca y no halla su complemento exacto y utópico. Eran mis manos las que jugueteaban entre sus cabellos negros, mientras mis labios  besaban su frente perlada por el sudor.

Yo era la amazona extinta y vencida, guerrera doblegada ante el roce de sus manos, ante la intensidad de sus labios, ante el desasosiego de su cuerpo expectante, prisión en donde mi alma  acariciaba el éxtasis que emergía de aquel placer desmesurado y físico.

De a ratos se rendía ante mí y me observaba desde lo bajo como quien eleva la mirada para presenciar algo supremo y sublime, era allí cuando mi cintura encendida se envolvía en sus manos fuertes y seguras que pedían más de aquella gloria efímera.

La perfección sólo existía en la blancura y exactitud de su cuerpo a contraluz, en los secretos que me relataba su espalda mientras a besos la transitaba. En esa boca que descubría suave, sinuosa, voraz, y sincera como ninguna.

Vino a mí vestido de placer y pecado, imponente como un Dios, noble y sencillo como el más íntimo de los amantes.

Degustaba la magnificencia directa que me aguardaba en su boca mientras la fuerza avasallante de su pasión se arrollaba sobre mi cuerpo, hecho para él, de eso no había duda; yo le pertenecía en más de un sentido, en más de una forma, en esta entrega total como la primera, como la última.

Así pasaron las horas, envolviéndonos en luna, descosiéndonos la piel, bañados de oscuridad y llenos de esa luz peculiar que nos obsequiaba el orgasmo. No había prohibiciones, ni límites, ¿Cómo prohibirle al amor que me embistiera con toda su fuerza? ¿Cómo podría negarle a mi captor lo que a susurros entrecortados me pedía?

Fuimos tan solo un par mortales que se desentrañaban entre las sombras.

Si el amor se pagara con gemidos, esa noche supe retribuirle por todo aquello inmaterial que pudo traducir en caricias, por todas las palabras que nunca me dijo pero que en silencio me confesó.

Era él el templo en donde anclaría mi fe, cierto y tangible. Sería siempre el lugar en donde depositaría aquellos besos que nadie más merecía.

Nos fue envolviendo el frío de la madrugada, el despertar del rumor de las calles lejanas, mientras nos aferrábamos el uno al otro como si así pudiésemos detener aquel triste presagio. Dormimos sin otro arrullo que el de nuestras respiraciones exhaustas, sin otro anhelo que el de retrasar la mañana, sin otra aspiración que la de  llenarnos de olvido.

Fue así como presenciamos aquel amanecer puntual, y  como el humo  de su cigarrillo comenzaba a escaparse dibujando figuras en el aire.

Finalmente mi cuerpo admitía con resignación y certeza, que ya no habría manos que lo recorrieran de  una manera similar. Estaba impreso en mi piel y más allá de ella, como una huella indeleble y eterna.

Desde ese día engañaría a mi ambición que comenzaría a  buscar en líneas desdibujadas, rostros borrosos y cuerpos mortales, algo de su esencia única.

Abandonó el cuerpo desnudo de un Dios, para  envolverse en el de un hombre en apariencia normal. Lo vi marcharse  sin pronunciar las palabras que sentenciaban nuestra despedida, sin ambicionar siquiera un beso más de mis labios inconformes.

Era yo un cuerpo y un alma adolorida entre las sábanas revueltas.

Desconocidos habituales

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Ha pasado un largo tiempo ¿cierto? Tiempo en el que represé mis letras las cuales se  convirtieron en falacias intentando escribirle a alguien más las líneas que solo a ti te pertenecen. Mis letras, mis líneas, y yo nos hemos sublevado hoy, decidimos volver, por al menos el vestigio de esa sonrisa ante la cual soy una invidente más.

Antes de volver me he preguntado en innumerables ocasiones ¿Que mas podría decirte que ya no haya dicho?, ¿Podría construir un día cualquiera una composición lo suficientemente genial o brillante que lograra cautivarte de sobremanera?, ¿Podría acaso crear un puente de palabras que derrumbe la enorme distancia física y psicológica que hay entre tú y yo? ¿Podría buscar en el diccionario las palabras más rebuscadas y rimbombantes que traten de traducir hechos en las líneas más sutiles y prosaicas? Pienso que después de todo, este es solo un humilde y frágil intento de hacerte creer.

No prometo una magistral obra, solo un acercamiento a mi verdad. La verdad que por razones ya conocidas, solo se plasma en palabras, y no en hechos.

Es tiempo de hacerte una advertencia desconocido. He escrito estas líneas  solo para expresar lo que mi alma más que mi mente me ha estado pidiendo en este receso. De antemano te pido disculpas por lo que sigue: La descripción de quien creo, sueles ser.

Aquí voy.

Nos encontramos de nuevo sin encontrarnos, sin vernos, sin conocernos, sin pronunciarnos. Seguimos siendo esos desconocidos  habituales que no tienen nada más del otro que palabras bien escogidas y pensadas.

Imaginemos que alguna vez tuve una oportunidad de ser real, de estar allí, frente a ti, en el día a día o de forma extemporánea, y no en este tiempo que no transcurre, que no es.

Todavía quiero ser quien escriba las inmortales líneas que recordarás a pesar del tiempo, aunque no pertenezcan a tus autores predilectos. Esas líneas que hablaran de ti y que no perecerán en tu mente.

Todavía quiero ser quien se adjudique ese beso inventado por J.M. Barrie, el que nadie ha podido conseguir pero que está justo allí, balanceándose en la comisura de tus labios.

¿Puedo esta vez optar por alguna oportunidad? ¿Podemos seguir siendo esos desconocidos que intercambian unas cuantas palabras ocasionales, o que terminan inmersos en una conversación de mayor contenido que saludos o frases superfluas?, ¿Podemos compartir alguna recomendación de un buen libro o de una de esas canciones que hemos escuchado con los ojos cerrados y hasta el cansancio cuando nadie nos ve? ¿Podemos brindarnos algún consejo a pesar de nuestra absurda inexperiencia?

Dime que podemos y rebelaré no solo mis palabras sino mis acciones para ti.

Puede que seas esa decepción que deambula a diario en este mundo decadente, y de  ser así hubo algo que no mencioné antes, y es que esta extraña que te escribe se ha sentido más de una vez de la misma manera. También es oportuno decirte que, no puedes decepcionarme, pues no espero nada de ti.

Tal vez mi más ferviente e inconsciente deseo de hoy es convertirme en esa osadía que conquista el misterio que esconde tan perfectamente esa mirada impenetrable y profunda que ha viajado entre las líneas de tantos célebres autores.

Quien en lo más profundo pienso es el propietario de un alma tan hermosa y solitaria que se refugia en un cliché para alejarse, para evadir esos sucesos que alguna vez dolieron o que aún duelen.

Sigues siendo ese sueño irrenunciable que no se disipa al despertar, la certidumbre de saber que la pugna y el desafío son meritorios.

Ese  millón de conatos de líneas y versos que se vislumbran en esta mente ya agotada de pensarte.

El espíritu crítico que derriba certezas y origina con espléndido sarcasmo cuestionamientos sólidos.

Quien admira en silencio la sublime belleza que los demás ni siquiera llegan a considerar que existe.

La ausencia del miedo al que dirán.

Esa sugestiva invitación a pensar, a comprender y ver más allá de la superficie de las cosas, de las personas, de los simples actos.

La opinión poco frecuente, que no complace pero que es sin duda, la más sincera.

Mi  miedo persistente al rechazo que irrumpe y golpea tan contundentemente con inalienable silencio.

La defensa firme de tus principios, valores y opiniones.

El camino, la piel, la mente en la que deseo transitar.

Eres todo lo que desconozco pero que sé, me seguirá reteniendo como ese dulce manjar que evoca los mejores recuerdos perdidos en el laberinto del tiempo, el polo opuesto del imán, la palabra dura que alejaría a cualquiera, a todos, excepto a esta masoquista autodeclarada y asumida tan dignamente.

Pensaré que desde hoy seremos esa posibilidad que se convirtió en realidad a pesar de los pronósticos, entretanto, jugaré a acariciarte con palabras y versos cada vez que me provoque. Armaré un rincón en donde pueda escapar de la vacía rutina en la que vivo y en la que, indudablemente no estás, ni estarás más que en palabras enmudecidas.

A ti extraño, te pregunto: ¿Puedes contaminar este aire con la ya moribunda y consumida nicotina? ¿O podré robarla alguna vez de tus labios de forma furtiva con el sublime y ligero sabor de ese negro café?

¿Podrías desempolvar algo de ese espíritu que alguna vez confió y que ha sido domesticado en el tiempo para aprender a desconfiar?

De lo que no espero, solo esperaré estas respuestas.

De quien te admira en la distancia y el silencio.

I.A.

Spam

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De nuevo una hoja en blanco. Veamos que resulta de esta nueva madrugada, llena y a la vez vacía de ti.

Creo que mereces una respuesta más sensata a tu pregunta “¿Por qué yo?”. Aún sigo pensando en ella imaginando qué respuesta esperabas leer.

¿Por qué tu? ¿Realmente quieres saberlo? ¿Realmente quieres leer las palabras que aún no he dicho?, ¿la verdad más absoluta sin tanta poesía y tanto disfraz de por medio?.

Si así es, mi respuesta es esta.

Aún no logro definirte, ese es el motivo de mi gran frustración. Las cosas no han cambiado a pesar del tiempo. Sigues siendo tan desconocido como desde el momento en el que un clic  en el botón “+seguir” comenzó a regalarme fragmentos de tu pensamiento. Tan extraño a mí como desde el instante en el que me convertí en preguntas que respondes y descartas. Llegué hace unas 700 responses, y afirmaría casi con  una seguridad plena, que en efecto he leído sobre ti más que nadie y aún así no he logrado conocer siquiera una mínima parte de todo eso que eres.

Me sigues pareciendo ilógico, incongruente, inexplicable, odioso, *ríe buscando más adjetivos* terriblemente adictivo en muchos sentidos, ¿puede ser eso lógico acaso?, ¿puedes convertirte en la sutil y destructiva sustancia estupefaciente que alguien consume sin siquiera conocerte?. Parece que yo tengo la respuesta a esa pregunta.

Eres un reto. Así de simple, cuatro letras, eso eres. Algo que siento quiero obtener no se por qué demonios, porque como bien dije hace unos posts, es “improbable desde el momento de la concepción de la idea”.

Sé que he cometido un error y es quizás  idealizarte gracias a todo lo que tus manos han escrito y que mis ojos han tenido el placer de leer. De los errores se aprende, y ya he aprendido de ese.

También sé que no soy la única que te escribe, como yo hay muchas, lo que si es cierto es que no puedo hablar de los sentimientos o burdos deseos de las demás. Solo puedo hablarte de lo que pasa de este lado del monitor. Bueno, claro está que te vale lo que piense, pero citando tus contagiosas palabras “¡A la verga! ¿sabes?”, si a ti te vale, pues a mi también me vale lo que puedas llegar a pensar después de haber leído esto.

Quiero conocer tus historias, quiero saber el por qué de lo cambios, conocer algún vestigio de esas musas que se han ido y de las que siguen allí. Saber el por qué de tantas de tus ideologías, conocer quizás algún secreto, alguna manía extraña que nadie conozca.

Tal vez con suerte ver ese marcalibros que guardas con tanto amor, y  devoción. Quizás tendría suerte y podría  convertirme en algún personaje pasajero en tu historia, alguien que estuvo un día, te escucho  con vehemencia y luego se marchó. Quiero saciar mis ganas de saber de tus propios labios, al menos algo de lo que guarda tu mente. Quiero más que pocas palabras.

Debería maldecir mi jodida ambición. Resulta que a veces se me olvida la distancia, resulta que a pesar de que tienes propuestas para elegir, siento que no podré quedarme en una más, en palabras vacías escritas por dedos inmaduros. Mi inconformidad no me lo permite.

El problema de querer, es que no es suficiente con que uno solo quiera. Desequilibra por completo  la balanza y no le da sentido a la ecuación.

No soy una de esas chicas bellas que se convierten en DM´s  sexuales o en conversaciones por Skype. No soy como ellas ¿y qué con eso? si después de todo tú no has conocido siquiera una parte de lo soy. Soy la que toma el autobús y llega hasta tu puerta, la que se presenta, la que está. Soy la que quiere de verdad y no solo en palabras. La distancia solo son kilómetros, los sentimientos son jodidos y consecuentes pensamientos que se clavan y se quedan anclados en mi mente día tras día, y bueno, la verdad es que no es justo pasar los días así, sobretodo por el hecho de que no puedo controlar o siquiera mermar el efecto, las secuelas que dejas con cada palabra, con cada  nota.

No puedo evitar esa avalancha indetenible de pensamientos que eres.

Tampoco puedo dejar de leerte o escucharte. Te has convertido en una especie de trastorno, y es que ahora hasta en la conversación más estúpida con otras personas me encuentro colocando todos los signos de puntuación de manera perfecta, eliminando el “etc”, no acentuando el “solo”, y colocando un punto al final de cada oración. Supongo que en muchas ocasiones somos ajenos al efecto mudo y devastador que podemos tener en la vida de algunas personas. Tú, has sido ese efecto para mí.

La verdad es que a menudo me encuentro haciéndome más preguntas, parece ser que mi curiosidad es voraz. Solo pido una digna conversación contigo, quizás después de eso podré pensar y convencerme de que “Sí, aún es un adolescente, una decepción ambulante a la que le hace falta crecer y madurar” jajajá, permíteme reírme de eso que acabo de escribir, pero es que no termino de creer que sea así, sino la curiosidad, las ansías y estas palabras no estuvieran desbocándose aquí. Eres tan inverosímil, que a diario me robas muchas sonrisas de incredulidad.

Quiero conocer la historia de tu mejor amiga, las iniciales que algún día llevarás impresas en la piel,  ver esas fotos en las que no sonríes porque sencillamente no lo sientes, desgastar nuestros Converse en alguna caminata, verte disfrutar de un cigarro y un café, de tu música, y de tus demás vicios y pasatiempos. Observo la imposibilidad de llevar esto a la realidad de un día, pero, es lo que se me antoja, abarque el tiempo que abarque.

Adicción, lágrimas, inspiración, incoherencia, precaución, misterio, arte, intelecto, son algunos de los adjetivos que me gusta atribuirte.

Quiero cantar acompañada de tu voz y una de las amantes que le da más placer a tus sentidos (y a los míos), tu guitarra.

Ven, decepcióname y acabemos con esto de una buena vez, porque tanto pensarte me está consumiendo. Me encargaré de aburrirte (más) para que de una vez me desaparezcas de todos tus accesos. Sería fácil ¿no crees?, después de todo no somos más que un par de desconocidos en la distancia que han intercambiado unas cuantas palabras.

Ven y desencadena tu feroz pensamiento en mi cara, convénceme de que solo eres un pos adolescente más que tan solo sabe hacer un uso inteligente de las palabras.

Sigue siendo el beso que nunca tendré, el abrazo que nunca me envolverá y a cambio seguiré siendo el pensamiento o el deseo que no desemboca en un tweet, en un mensaje, o en una caricia.

Estoy harta de la intangibilidad de esto, perdón, de esta gran “nada”.

Un momento, ¿no estaba intentando responder tu pregunta?, ya ni se en lo que está terminando esta respuesta, pero al fin y al cabo, ¿a quien coño le importa? Solo seré un link que se robará 5 o más minutos de tu tiempo. Sin embargo, si al menos una sonrisa puede robarte este cúmulo de incoherencias, me daré por satisfecha, aunque no pueda verte y disfrutar de ese indescriptible rostro, de la risa de mi desconocido habitual favorito.

Te seguiré llenando de estrellas, esperando que algún día tu rebeldía no aparezca para mandarnos a todos al mismísimo demonio.

Te escucharé y me convertiré en la distancia en tu fanática número uno, la que espera escuchar al menos una estrofa de tus canciones inéditas.

Seré la que te desea y no te tendrá. La que te besa sin besarte, la que te escribe a pesar de todo. Seré el placer culposo, o la nada si prefieres. Seré también lo que no puedas explicar porque después de todo, vencí a tu razón, porque ella aún no logra explicarte ¿Cómo es posible que estas manos te escriban tantas palabras sin sentido?, ¿O me equivoco?.

Seré la chica que no conoces, quien no te dejó dormir alguna vez, y te aburrió con sus preguntas estúpidas. Tu aburrimiento no tiene solución, el mío tampoco.

Seré la que te piensa aunque no lo sepas. La eterna masoquista que le dijo no al Stockholm Syndrome e inventó un nuevo “Masochism Syndrome”.

Tú se el mensaje y las palabras que nunca llegan, mientras yo seguiré amando esos silencios y “no respuestas”, que aún siendo intangibles, me hablan de ti.

Seguiré escribiendo mientras tu atención y tus palabras, se dirigen a otros cuerpos y mentes. Mientras tus pensamientos se distraen con atracciones efímeras, así decido llamarlas, tómalo como quieras.

Tú serás la canción que quizás algún día me atreva a escribir.

Mi festín de palabras favorito, el orgasmo de mis ojos y mis oídos.

¿Estás más claro ahora?.

Postdata: Quizás tengas razón y el término Spam me queda bien.

“Se llama spam, correo basura o mensaje basura a los mensajes no solicitados, no deseados o de remitente no conocido, habitualmente de tipo publicitario, generalmente enviados en grandes cantidades (incluso masivas) que perjudican de alguna o varias maneras al receptor.”